Cambio social, teatro y performance

Los textos de esta semana giran en torno al carácter político y emancipador del teatro y del performance. Tanto Brecht como Boal hacen una crítica a la visión aristotélica del teatro, en particular de la tragedia, en tanto consideran que su propósito, lograr la Catarsis, canaliza las posibilidades de cambio social, porque estas se depositan en la obra de teatro y por tanto no se concretan en el mundo real. Ante esto Brecht propone el distanciamiento, es decir, el extrañamiento, la no identificación del espectador, e incluso del actor, con el personaje. De esta manera el espectador puede acercarse críticamente a la obra de teatro. En palabras de Boal, en la propuesta de Brecht tenemos a un espectador que no le da al personaje el poder de pensar por él.

Boal considera que la aproximación de Brecht es reveladora al nivel de la conciencia, pero se queda corta al nivel de la acción. En este sentido, el teatro del oprimido, que es una poética de la liberación, propone recuperar para sí la acción, borrando las barreras entre espectador y actor, y entre actores con roles protagónicos y actores secundarios o coro.

Finalmente, en Performance de Diana Taylor, vemos como éste tipo de manifestación artística está ligada a los deseos de transformación de la realidad, al rompimiento de las normas que mantienen un estado de cosas injusto y opresivo, pero que también, el término performance en las últimas tres décadas ha empezado a usarse en otros ámbitos. Así, la autora nos dice que el performance no es solo una forma de arte, una forma de hacer activismo, un ejercicio militar, etc., es también un marco para delimitar y para comprender una acción.