Espectáculo y espacio-tiempo cibernético

El espectáculo es una ficción, también lo es el espectáculo político, por eso la repetición de gestos, los tonos de voz, el cuidadoso lenguaje corporal.  Los protagonistas del espectáculo son personajes cuyas características son exaltadas de acuerdo con el objetivo perseguido. En los tiempos del espectáculo, del liderazgo individual,  del carisma y la identificación aspiracional, encontrar formas distintas y comunitarias de hacer política parece un camino destinado al fracaso. A esto se enfrentaron los zapatistas en 1994, a esto sumado al ya conocido y vivido racismo e invisibilidad de la realidad de los pueblos indígenas, pero su estrategia consistió en usar el hambre de espectáculo a su favor, así nació el personaje, el subcomandante marcos, el mestizo encapuchado. Él se convirtió en el eje distractor sembrado por los zapatistas mientras adelantaban sus procesos políticos  bajo formas  de relacionamiento igualitario, horizontal y comunitario, esta estrategia fue develada por el propio  subcomandante Marcos frente a un grupo de periodistas independientes en un evento en el que el mismo desaparecería para dar lugar al subcomandante Galeano, mediante un acto reivindicativo de la lucha zapatista como una muerte para la vida, que operó también como despedida de la lucha armada y el reconocimiento del carácter civil imperante en el movimiento para ese momento, Diana Taylor lo explica de esta manera “In short, the heroic figure of a mestizo man in military attire had begun to undercut the ethos of a broad, collective, life-affirming movement that was far more powerful and impressive than any one leader”. La muerte de Marcos, puede ser leída, como propone Taylor, como un proceso de desidentificación y en este sentido la atención es dirigida a una realidad menos espectacular pero más real: la cohesión del movimiento zapatista, su ideal comunitario. 

El movimiento zapatista no solo ha sabido poner las lógicas del espectáculo a su servicio, sino también las tecnologías de la comunicación, mediante las cuales ha creado una audiencia que traspasa las fronteras mexicanas. Un ejemplo de esto es el caso analizado por Lane, al referirse al uso de las tecnologías en las protesta y actuaciones políticas que tiene lugar en el ciberespacio, en el que, de manera simbólica, la simulación sugirió un conflicto entre posible iguales y en el plano real evidenció la desmesurada fuerza de las políticas del gobierno, en particular su accionar militar.  Resulta interesante este concepto de espacio tiempo cibernético y su articulación a procesos recientes de descontento social, como los estudiados Butler en  Notes Toward a Performative Theory of Assembly , pero también movimientos como el #metoo #NiUnaMenos o las protestas sociales que actualmente tienen lugar en diferentes países de América Latina.

Digital technologies, news and politics

Dos factores relacionados entre sí han afectado el concepto de ciudadanía, y su correlativo ejercicio de la política, de manera más o menos reciente: la globalización y las tecnologías de la información, empezando por la televisión y expandiéndose a las redes sociales.  La idea de nación, el marco en el cual la ciudadanía se materializa, ha cambiado radicalmente, El artículo de Poster propone un recuento histórico de este proceso y comparte el análisis que Balibar hace al respecto. Con la nación en proceso de disolución ante el fenómeno de la globalización y la emergencia del mundo virtual, al que se trasladan gran parte de las discusiones que antes tenían como lugar ideal los escenarios físicos usados para los ejercicios democráticos, la plaza pública específicamente, la noción de ciudadanía cambia.  De esta manera, al lado del ciudadano emparentado al concepto de nación hoy tenemos al Netizen, el sujeto político del ciberespacio “In contrast to de citizen of the nation, the name often given to the political subject constituted in ciberspace is “netizen”. Netizen may only be a partial term, because no one lives in the Net permanently, at least not yet” (Poster 78). Si bien el autor nos recuerda que el espacio virtual no es un lugar en el que se pueda permanecer eternamente, lo que sucede allí tiene impactos en los ejercicios democráticos tradicionalmente corporizados, especialmente, en procesos de votación en distintos niveles.  

La relación entre la política y las tecnologías digitales es explorada también en el artículo de Edwards, quien estudia el caso de Trump a través de los usos de la televisión y Twitter.  Para Edwards “There is an intimate relationship between the rise of digital technologies and the social formations that organize us, that is, how we relate to each other. The correlation between the history of technology and society itself has long been central to politics (28). La televisión y las redes sociales han contribuido a esta nueva comprensión de la política, acercándola cada vez más a las formas de entretenimiento masivo de la cultura pop estadounidense mediante un cambio en la circulación de la información y por tanto las noticias y en una interacción entre comunidades que crean esporádicamente en torno a intereses específicos.  Este límite difuso entre el entretenimiento y noticias, según Edwards, fue lo que Trump aprovechó en su campaña para llegar a la presidencia de los Estados Unidos y es a partir de esa organización social – digital que ha gobernado (40).     

Esta forma de hacer política que alcanzó su climax con Trump, tal vez porque él mismo ya había sido un personaje del espectáculo en su reality show “The Apprentice”, ha sido adaptada a escenarios políticos en otros países, en Colombia, un evidente uso de las redes sociales, incluyendo “fake news” e información ambigua y tendenciosa, ha venido en aumento (esto me hace pensar en la lectura de la semana pasada sobre el imperio de las creencias por encima de los hechos y en cómo esta emocionalidad es utilizada en política para inducir a los ciudadanos a votar con base en creencias o manipulación de sus temores, por encima de un ejercicio argumentativo basado en información más o menos comprobable), pero tal vez sus efectos más importantes y adversos se hicieron evidentes en la campaña por el No, en el marco de la votación del plebiscito para refrendar los acuerdos de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC en 2016, en el que se distribuyó deliberadamente información falsa por parte de los grupos opositores, hecho que después fue admitido por el director de la campaña quien dijo que el objetivo de poner en circulación esa información era “que la gente saliera a votar verraca”, en otras palabras, que la ciudadanía tome decisiones políticas con base en información errada.

https://www.larepublica.co/ocio/entrevista-de-la-campana-del-no-del-diario-la-republica-gano-distincion-del-cpb-2470111
Tomada de la página de la cadena de noticias Caracol https://caracol.com.co/emisora/2016/09/04/medellin/1472999862_149849.html

Del principado al gobierno de las corporaciones

Si bien El príncipe es un libro escrito para un tipo de organización política particular: el principado, en oposición a la república, muchas de las conductas recomendadas para que un príncipe mantenga su poder pueden ser trasladadas a contextos actuales para analizar, sobre todo, el poder en cabeza de ejecutivo y los poderes económicos ocultos tras él. Nuestra realidad global está circunscrita a las lógicas del capitalismo en el que nada escapa a las posibilidades de ser convertido en mercancía y en la que los estados mismos son actores fundamentales en la consolidación de negocios que favorecen intereses particulares por encima de los de los ciudadanos en su conjunto. En el príncipe, Maquiavelo recoge una serie de premisas no para gobernar de la mejor forma, sino para mantener o garantizar la existencia del principado, es decir, estas premisas buscan favorecer un interés específico, el del príncipe, no los intereses de sus súbditos. Una pregunta que podemos hacernos es: si ya no estamos organizados en principados, al menos en la mayor parte del mundo occidental, y en esta medida no es el interés del príncipe el que prima, cuáles son los intereses que priman hoy en la realidad y en el discurso y de qué manera los consejos de Maquiavelo pueden servir para favorecer esos intereses o para comprender como funcionan. En un mundo globalizado y ordenado en torno a las dinámicas económicas transnacionales ¿qué intereses protegen los Estados?, ¿de qué manera lo hacen?, pienso, por ejemplo, el actual escenario político-económico es ideal para la proliferación de lo que Maquiavelo llama “soldados mercenarios”(80) aquellos que luchan por el príncipe a cambio de un pago, si bien Maquiavelo consideraba más útil la lealtad de los soldados, en las circunstancias actuales las transacciones económicas con fines bélicos parecen ser una salida mucho más plausible. La política bélica internacional de los Estados Unidos puede ser analizada desde esta perspectiva, a la que también obedecen las alianzas entre Estados y grupos paramilitares que tienen lugar en muchos países del mundo y tras las que se ocultan intereses económicos disfrazados de valores democráticos. El espectáculo de la política tiene dentro de sus tareas materializar este disfraz. Tal vez las cinco virtudes a las que se refería Maquiavelo han cambiado, pero lo que no ha cambiado es lo que sustenta su consejo “un príncipe debe tener muchísimo cuidado de que no le brote nunca de los labios algo que no esté empapado de las cinco virtudes citadas (…). Pues los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos” y más adelante “porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito” (120). En las sociedades capitalistas, el éxito se mide en la ganancia económica. El discurso del éxito económico tiene la característica de ser fácilmente adoptado ¿quién no querría identificarse con una figura con poder adquisitivo, que promueve un ideal de vida caracterizado por el lujo? El príncipe ideal es, entonces, el empresario exitoso. Trump luego de haber desplegado sus habilidades gerenciales en un reality show, o varios de los presidentes latinoamericanos avalados por los gremios industriales y empresariales de sus países. El artículo del New Yorker me hizo pensar también en el éxito como creencia y en la dificultad de sobreponer a esa creencia la importancia de los valores democráticos o de la crisis ambiental o cualquier otro asunto que resquebraje el sueño del éxito económico, que deje en evidencia su naturaleza aparente.

Images and alternative public spheres

Los textos de esta semana giran en torno a la conexión entre el espectáculo político y el ejercicio de la ciudadanía, en particular mediante el uso de las imágenes (Ranciére y Azoulay) y las redes sociales para crear nuevos espacios de discusión en una especie de ampliación de la esfera pública y añadir elementos al análisis de la relación entre arte y política.  

Para Rancière, la imagen del horror está inmersa ella misma en un sistema en el que el simple hecho de mirar la imagen que denuncia la realidad denota una complicidad (85). Esto porque al mirar la imagen (o elegir no mirarla), sabemos de antemano que sentiremos culpa, pero que no haremos nada al respecto. En esta interpretación el foco se fija en el espectador y a sus al parecer opciones opuestas, ser el espectador que ve o ser el espectador que actúa. Si, de acuerdo con la propuesta por Ranciere, la estética y la política responden a un reparto de lo sensible, ¿Cómo operar una redistribución no mimética del ver y el actuar que dé lugar (tiempo y acción) a posibilidades emancipatorias? Por su parte Azoulay analiza la fotografía y su lugar en el ámbito político. Para ella la fotografía no es un simple objeto, sino que está llamada a generar una reacción. Nuevamente tenemos acá la figura del espectador como interlocutor de la imagen y el ejercicio ciudadano que ella posibilita, pero en una relación espacio temporal que supera el aquí y el ahora en la medida en que la fotografía puede ser vista en diferentes tiempos y provocar distintas reacciones, así como puede ser vista por espectadores ubicados en diversos lugares (135), generando así posibilidades de expansión del espacio de aparición.

 Finalmente, Beltrán propone repensar la categoría de ciudadanía a partir del análisis el fenómeno del activismo de l*s DREAMers, su uso de las redes sociales para la publicación de sus testimonios en primera persona, y la apropiación y transformación creativa del Coming Out, como herramienta que genera espacios de aparición, muchos de ellos virtuales, en los que los DREAMers desafían las políticas migratorias de Estados Unidos al negarse a permanecer en silencio por miedo a ser procesad*s y deportad*os. Así, la declaración del status de indocument* por parte de los DREAMers habilita la lectura de la incapacidad del concepto actual de ciudadanía para dar cuenta de tod*s l*s que construyen una comunidad desde prácticas cotidianas económicas, políticas y sociales, así como denunciar la manera en que las políticas migratorias terminan reforzando un estilo de vida heterosexual (99).

Castigo, espectáculo y público

¿Cuál es la relación entre castigo y espectáculo?, ¿de qué manera el público lee tanto su relación con el poder como su relación con quien es castigado dentro de un régimen punitivo o dentro de un régimen dictatorial, los dos leídos más que desde una perspectiva de legitimidad desde una perspectiva de relaciones de poder?. Cada una de las tres lecturas propuestas se aproxima de manera particular a la espectacularidad del castigo o de las puestas en escena del poder que lo anteceden o rebasan y al lugar que ocupa la población en este espectáculo.

Los suplicios, y la tortura dentro de ellos, como parte del sistema punitivo occidental europeo operaron de manera permanente hasta el siglo XIX, ya fuera de manera pública o bajo el secreto del procedimiento penal. Pero pese a la desaparición paulatina de la legitimidad de los suplicios, el control sobre el cuerpo se ha mantenido. En este contexto, Foucault propone estudiar los métodos punitivos a partir de una tecnología política del cuerpo permite revelar las relaciones de poder que operan en él y a su alrededor. Esas relaciones dan cuanta, además, de que lo punitivo no sólo reprime, sino que conlleva “una serie de efectos positivos y útiles a quienes tienen por misión sostener.” (24) A partir de este enfoque propuesto por Foucault, surge una primera pregunta, ¿Para quién son positivos y útiles estos efectos? Un primer insumo para contestar lo da el mismo autor situar el sistema punitivo como parte de una “economía política de los cuerpos”(25).  En efecto el cuerpo no puede escapar de las relaciones de poder entre las que el opera, por ejemplo, como fuerza de trabajo. Otra pista para contestar la pregunta tiene que ver con la espectacularización del castigo, y la publicidad de la sentencia, y el papel de esta espectacularización y publicidad en el sostenimiento de estructuras económicas y políticas de poder, esto es, ¿qué se está transmitiendo al público, a la población, con estos espectáculos?. Me parece importante tener estos dos aspectos presentes en la aproximación a la lectura de “Percepticide”. Este texto, desde el particular caso de las torturas perpetradas la dictadura argentina, indaga por el rol de la población en este tipo de contextos. Parte del punto de la alteración de la percepción de la realidad por parte de la población, es decir, hay algo en el discurso del régimen, en su forma de imponerse mediante el terror, que lleva a la población a ignorar o a preferir no ver lo que está pasando a su alrededor. Gran parte de esa imposición tiene que ver con el espectáculo que en este caso para por lo visible / invisible, –si bien las torturas no se dan a la vista de la población, las detenciones, los bombardeos, los allanamientos sí–.  La autora entonces se pregunta si la alteración de la percepción, el hecho de “ignorar” estos hechos que pasan al otro lado del vidrio, no lleva a algún tipo de connivencia con el régimen que contribuye a que este se mantenga.  Me parece interesante volver a esa pregunta desde los dos puntos planteados por Foucault que resalté al comienzo de este escrito. De manera que un análisis del rol de la población en la permanencia de un régimen dictatorial involucre la pregunta por quién se beneficia de los efectos positivos, quién saca provecho o utilidad de esa permanencia y, por ese mismo camino, si las relaciones de poder no siguen siendo inmensamente desiguales entre un régimen que ha capturado todo el estado y sus instituciones y una población que aunque no ha sido torturada vive bajo el miedo permanente, amplificado por el espectáculo, de ser víctima de ese régimen, el miedo de ser vigilada y, además, la total desconfianza en las autoridades.  

Industria cultural, perfomance y disidencias sexuales y de género.

La naturalización de comportamientos sociales que perpetúan las desigualdades basadas en las diferencias sexuales y de género, impregna todos los escenarios de la vida pública y privada estableciendo regulaciones difícilmente visibles y cuestionables. Las desigualdades se traducen en relaciones de poder que se reproducen no sólo en el escenario político por excelencia sino en los campos artísticos, culturales, sociales, familiares, desde dónde a su vez se perpetúan narrativas unidireccionales que dan por inamovibles los roles que ocupamos en la sociedad y, por tanto, mantienen el poder político, cultural, social en unos sujetos específicos (generalmente hombres cis, heterosexuales, blancos o blanco-mestizos y pertenecientes a las élites económicas y culturales).  En este contexto, me interesa aproximarme a manifestaciones artístico/políticas que irrumpen o intervienen eventos promovidos desde la industria cultural, en los que se evidencian y promueven estas relaciones desiguales de poder basadas en las diferencias sexuales y de género, promoviendo cambios culturales que se manifiesten en decisiones de la industria cultural y la adopción de políticas públicas encaminadas a transformar las relaciones de poder en el sector cultural, esto es, al final, en maneras de erosionar la incuestionabilidad del poder masculino.

El performance, en tanto es práctica, corporalidad, hacer creativo, forma de transmitir memoria e identidad, así como de entender el mundo (Taylor, 39), ha sido utilizado como herramienta para hacer evidentes las desigualdades de sexo y género, y para deslegitimar en el campo cultural el poder masculino como validador de las expresiones artísticas que surgen desde las disidencias sexuales y de género. A la vez, pensar el performance como un encuadre nos permite aproximarnos a los acontecimientos, particularmente en este caso, a los realizados en el marco de la industria cultural, como puestas en escena en las que cada cual desde identidades – ya sean asignadas socialmente o adoptadas- actúa roles específicos.  Un ejemplo del tipo de performance e intervenciones que me interesa analizar es el siguiente https://www.youtube.com/watch?v=U-IrWZeAHO0

Fecha: 19 de septiembre de 2019

Lugar: Feria del libro de Barranquilla, Colombia.

Situación: En un evento anunciado con el nombre “Marvel Moreno, un legado”, dos hombres cómodamente instalados en un escenario conversan.  El hombre de la izquierda es escritor y periodista, el de la derecha es escritor y además es el exesposo de Marvel Moreno. La conversación, de acuerdo con los videos que pueden verse en internet transcurre de la siguiente manera:

– (…) tuve ocasión de conversar con ella, no puedo decir que conocí a Marvel, pero todas las personas que la conocieron sostienen que tenía muy claro lo que quería hacer y que cuando tomaba una decisión no la detenía absolutamente nadie- dice Mauricio Vargas.

-Exactamente, exactamente. Y a los cinco meses, no, menos, nos casamos- Responde Plinio Apuleyo Mendoza

La conversación continúa entre anécdotas sobre amigos escritores mientras doce mujeres en silencio caminan y forman una fila entre los dos hombres y el público, se paran de frente a este, se toman de las manos, se sueltan, se abren las chaquetas para dejar a la vista sus camisetas estampadas con la palabra “ES”. Para este punto con un cambio elocuente en la entonación y el ritmo del discurso Apuleyo Mendoza dice

-Ahora hablemos de su obra, en qué sentido. Realmente yo pensaba en ese momento que el afán de escribir era simplemente contar un poco de su vida, su experiencia personal, esas cuestiones…

Las mujeres se han quitado sus chaquetas, han dado media vueltas y en sus espaldas se lee “El tiempo de las amazonas”, referencia directa a la novela que Marvel Moreno escribió antes de morir y que permanece inédita.

Leí unos textos muy interesantes en un libro que publicaron en Toulouse sobre ella- dice Apuleyo Mendoza

Las mujeres caminan y nuevamente queda el espacio vacío entre los dos hombres y el público. Se escuchan urras y aplausos. Pasan de mano en mano copias con el primer capítulo de El tiempo de las amazonas y un manifiesto que complementa el sentido de la intervención.

Nos podemos aproximar a esta situación desde aquello que nos permite ver, experimentar, teorizar y desde su compleja relación con el sistema de poder (Taylor, 6).  Podemos, por ejemplo, pensar en la intervención del colectivo El tiempo de las mariposas como la creación de un tercer espacio o la emergencia de un espacio liminal. Uno de las ideas que discutimos en clase se relacionaba con la instalación de un “nosotros” que implica necesariamente un “ellos”; lo vimos en Balibar como uno de los problemas del modelo emancipatorio (7) y lo vimos en Mouffe quien al comprender toda identidad como relacional, concluía la existencia de la diferencia: el otro y su exterior constitutivo. (24). Esta ubicación en el espacio de lo público que podría entenderse en términos generales como una confrontación, es desarticulada en el performance que traigo como ejemplo, en la medida en que desarticula la distribución espacial y los roles inherentes esa distribución. Las mujeres se sitúan en un espacio liminal entre el público y el escenario. Es decir, se niegan a ser público pasivo en la medida en que entienden el rol de espectadoras, en este contexto, como una aceptación de la autoridad masculina que no consideran legítima.

“La acción conjunta puede ser una forma de poner en cuestión a través del cuerpo aspectos imperfectos y poderosos de la política actual. (17). “Cuando los cuerpos se congregan en la calle, en una plaza o en otros espacios públicos (virtuales incluidos) están ejercitando un derecho plural y performativo a la aparición, un derecho que afirma e instala el cuerpo en medio del campo político, y que, amparándose en su función expresiva y significante, reclaman para el cuerpo condiciones económicas, sociales y políticas que hagan la vida más digna… (18). Pienso en estas dos citas de Butler en relación con la ubicación de las mujeres del colectivo El tiempo de las amazonas en este espacio liminal entre el público y el escenario. Al no irrumpir en el escenario, deciden no “tomarse el espacio del otro”, optan por evidenciar –con la disposición de sus cuerpos y el texto de sus camisetas–, como en ese escenario está operando un reparto histórico de roles que debe ser puesto en duda, transformado.  Este acto es más potente en tanto, no es en el escenario (en el que se conversa de anécdotas, como se dijo) sino en sus camisetas, en donde aparece la referencia a la obra de la escritora Marvel Moreno.

Es esta capacidad de evidenciar las desigualdades basadas en el sexo y el género, mediante, en palabras de Butler, el ejercicio del derecho de aparición, y sus efectos en la industria cultural y las políticas públicas culturales uno de los temas en los que me interesaría profundizar en el proyecto final.

Keywords: Identidad; disidencias sexuales y de género; políticas públicas; aparición

Video para la clase (4:23 – 6:20)  https://www.msnbc.com/rachel-maddow/watch/worlds-collide–poetry-at-a-trump-rally-565905475573

Esfera pública, acción y discurso

Esfera pública, acción y discurso son los conceptos que pueden guiar la lectura de los textos de Hannah Arendt y Judith Butler. Esfera pública entendida como el lugar en el que se lleva a acabo la acción política, como el lugar por excelencia de lo político. Para la Butler existe una relación quiásmica entre performatividad linguística y performatividad corporal. La autora centra su análisis en el lugar de los cuerpos y su accionar colectivo y coordinado, en sus palabras hay formas de expresar y manifestar la precariedad que se imbrican de manera importante con la acción corporeizada y con formas de libertad expresiva que pertenecen más bien a las asambleas públicas, de esta manera las constantes en su propuesta son los conceptos de precariedad y performatividad.

Por su parte, Arendt nos habla del espacio de aparición, aquel donde aparezco ante otros y ellos ante mí. Este espacio precede a la esfera pública y cobra existencia cuando las personas se agrupan para el discurso y la acción. En este marco surge el poder que es la potencialidad para la acción conjunta, la fuerza que mantiene unido este poder una vez las personas se dispersan se concentra en el contrato, entendido como una doble promesa. Si en Butler, la precariedad tiene la potencialidad de congregar y llamar a la solidaridad, en Arendt ese elemento, esta potencia está en la natalidad, en el nacimiento de nuevos seres humanos, es esta experiencia, esta capacidad para la acción, la que confiere fe y esperanza.

List of words, concepts or ideas

This is the list of words and phrases that I chose, I tried to put together concepts from the readings on political theory and those more related to art and the place of artists in society, trying to propose opposing words and concepts that show the crossroads between politics and performance.

Representation vs Participation
Political moment
Space and time
Estrangement or distancing efffect / identification
No spectators and Ideal spectators
Spectacularization of politics
Acts of transformation / Transformation of Reality
Breaking norms is the norm of performance
Resistance
Art / Activism / Artivism  

Cambio social, teatro y performance

Los textos de esta semana giran en torno al carácter político y emancipador del teatro y del performance. Tanto Brecht como Boal hacen una crítica a la visión aristotélica del teatro, en particular de la tragedia, en tanto consideran que su propósito, lograr la Catarsis, canaliza las posibilidades de cambio social, porque estas se depositan en la obra de teatro y por tanto no se concretan en el mundo real. Ante esto Brecht propone el distanciamiento, es decir, el extrañamiento, la no identificación del espectador, e incluso del actor, con el personaje. De esta manera el espectador puede acercarse críticamente a la obra de teatro. En palabras de Boal, en la propuesta de Brecht tenemos a un espectador que no le da al personaje el poder de pensar por él.

Boal considera que la aproximación de Brecht es reveladora al nivel de la conciencia, pero se queda corta al nivel de la acción. En este sentido, el teatro del oprimido, que es una poética de la liberación, propone recuperar para sí la acción, borrando las barreras entre espectador y actor, y entre actores con roles protagónicos y actores secundarios o coro.

Finalmente, en Performance de Diana Taylor, vemos como éste tipo de manifestación artística está ligada a los deseos de transformación de la realidad, al rompimiento de las normas que mantienen un estado de cosas injusto y opresivo, pero que también, el término performance en las últimas tres décadas ha empezado a usarse en otros ámbitos. Así, la autora nos dice que el performance no es solo una forma de arte, una forma de hacer activismo, un ejercicio militar, etc., es también un marco para delimitar y para comprender una acción.