Images and alternative public spheres

Los textos de esta semana giran en torno a la conexión entre el espectáculo político y el ejercicio de la ciudadanía, en particular mediante el uso de las imágenes (Ranciére y Azoulay) y las redes sociales para crear nuevos espacios de discusión en una especie de ampliación de la esfera pública y añadir elementos al análisis de la relación entre arte y política.  

Para Rancière, la imagen del horror está inmersa ella misma en un sistema en el que el simple hecho de mirar la imagen que denuncia la realidad denota una complicidad (85). Esto porque al mirar la imagen (o elegir no mirarla), sabemos de antemano que sentiremos culpa, pero que no haremos nada al respecto. En esta interpretación el foco se fija en el espectador y a sus al parecer opciones opuestas, ser el espectador que ve o ser el espectador que actúa. Si, de acuerdo con la propuesta por Ranciere, la estética y la política responden a un reparto de lo sensible, ¿Cómo operar una redistribución no mimética del ver y el actuar que dé lugar (tiempo y acción) a posibilidades emancipatorias? Por su parte Azoulay analiza la fotografía y su lugar en el ámbito político. Para ella la fotografía no es un simple objeto, sino que está llamada a generar una reacción. Nuevamente tenemos acá la figura del espectador como interlocutor de la imagen y el ejercicio ciudadano que ella posibilita, pero en una relación espacio temporal que supera el aquí y el ahora en la medida en que la fotografía puede ser vista en diferentes tiempos y provocar distintas reacciones, así como puede ser vista por espectadores ubicados en diversos lugares (135), generando así posibilidades de expansión del espacio de aparición.

 Finalmente, Beltrán propone repensar la categoría de ciudadanía a partir del análisis el fenómeno del activismo de l*s DREAMers, su uso de las redes sociales para la publicación de sus testimonios en primera persona, y la apropiación y transformación creativa del Coming Out, como herramienta que genera espacios de aparición, muchos de ellos virtuales, en los que los DREAMers desafían las políticas migratorias de Estados Unidos al negarse a permanecer en silencio por miedo a ser procesad*s y deportad*os. Así, la declaración del status de indocument* por parte de los DREAMers habilita la lectura de la incapacidad del concepto actual de ciudadanía para dar cuenta de tod*s l*s que construyen una comunidad desde prácticas cotidianas económicas, políticas y sociales, así como denunciar la manera en que las políticas migratorias terminan reforzando un estilo de vida heterosexual (99).