El que mira la tortura…

Para reflexionar sobre la tortura, las lecturas de esta semana buscan llevarnos por diferentes interrogantes que problematizan los actos violentos, de tortura y deshumanización que aparecen en las sociedades. Por supuesto, el trabajo de Foucault es central para pensar en los actos de castigo que remontan siglos atrás y que en el presente continúan operando desde otros niveles que también pueden ser considerados como actos violentos y crueles: “Punishment had no doubt ceased to be centered on torture as a technique of pain; it assumed as its principal object loss of wealth or rights” (15).

En principio, me llamó la atención pensar en el poder que tiene el discurso a la hora de justificar los actos de tortura: el discurso provee el aparato que funciona como excusa para sostener los actos crueles sobre los que reflexionan las lecturas. Dice René Girard: “The persecutors always convince themselves that a small number of people, or even a single individual, despite his relative weakness, is extremely harmful to the whole society.” (15). Taylor también reflexiona sobre este auto convencimiento desde la perspectiva del torturador: “They can maim or kill their victims by convincing themselves that they are doing something else: they are defending themselves and the country from the dangerous enemy or they are carrying out a “necessary” scientific experiment” (129).

Empieza así a difundirse una justificación contra este ‘enemigo’ fabricado, al cual hay que imponerle un castigo: “its appetite for violence (…) for they dream of purging the community of the impure elements that corrupt it, the traitor who undermine it (…) The search of people to blame continues but it demands more rational crimes” (Girard, 16). Entonces, En la retórica de estos regímenes autoritarios, los actos contra este ‘culpable’ o enemigo se realizan en nombre del ‘bien común’ de una sociedad más amplia.

Por su parte, Taylor también reflexiona sobre el trabajo de la dramaturga argentina Griselda Gambaro, en el que de alguna manera se nos invitar a ampliar la mirada alrededor de los actos de tortura, y no solo pensar en términos de ‘víctima’ y ‘victimario’ sino también en reflexionar sobre cuál es el rol del espectador cuando suceden dichos actos, cuando se es testigo de situaciones de violencia y tortura. A través del teatro, Gambaro involucra al espectador de tal forma que éste pueda reflexionar a través del escenario (la casa) las diferentes tácticas del terror y la tortura, ver cómo se produce la manipulación en sistemas de represión, con qué elementos opera el terror: “signals that terror play with potent images of the unknown, the pit, darkness” (Taylor, 131) y lo crucial que resulta ser quien mira y es testigo de esos actos, ¿qué debería hacer el espectador en ese contexto? En un contexto en el que al final “watching, in and of itself, never saved anyone.” (134).