El Príncipe latinoamericano

El Príncipe latinoamericano

  Los materiales de esta semana sirven para mostrar de qué manera las propuestas teóricas de El Príncipe de Maquiavelo siguen más vigentes que nunca en el ágora político contemporáneo. En primer lugar, en lo que a la espectacularidad de la política concierne, Maquiavelo es insistente en resaltar que “no es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas”. La idea de la política como una apariencia, en el sentido de un aparecer mediático que se planea como una ficción pero que se escenifica como una verdad,  es también lo que subraya Richard Schechner cuando propone que los políticos hacen creer y creencia (make belie(f)(ve)) a partir de la repetición performática de una escena y un discurso “more artificial than a halloween movie”. Pongo por ejemplo  los actos de campaña del actual presidente de Argentina hasta diciembre, Mauricio Macri, quien construyó una estética de la política como una fiesta con música y baile. Opuesto al tono más discursivo y serio de Cristina Fernández de Kirchner, que una porción de la sociedad despreciaba debido en parte a la invectiva mediática contra ella, Macri propuso la política como un escenario no-discursivo de festejo, a partir de un slógan publicitario irrealizable en la práctica, en gran medida porque sería imposible demostrarlo empíricamente: “unir a los argentinos”. Acaso el video sea un buen ejemplo de cómo políticos ponen en escena algo que saben que es una ficción pero que lo constituyen como creencia a partir de la repetición performática.

     Por otro lado, Maquiavelo en el capítulo XXI afirma que el Príncipe debe hacer o aparentar grandes hazañas para ser estimado, como Fernando de Aragón, quien “hizo la guerra cuando estaba en paz”, idea que se conecta con la afirmación de Charles M. Blow de que cuando el líder alcanza el “folk hero status” cualquier acción mediática en apariencia aberrante para el sentido común de una sociedad en otro contexto sólo ayuda a aumentar su leyenda. Esto lo podemos observar en el meme que compartió el clan Bolsonaro comparando al hijo de Jair Bolsonaro con el del presidente recientemente electo de Argentina, que practica cosplay. Una imagen teñida de homofobia, transfobia y machismo y que en cualquier otro momento hubiera sido unánimemente repudiada por la prensa y la diplomacia de Argentina y Brasil, para los seguidores de Bolsonaro, que festejan sus “hazañas mediáticas”, ayuda a contribuir con su admiración al personaje performático de macho militarizado.