Castigo, espectáculo y público

¿Cuál es la relación entre castigo y espectáculo?, ¿de qué manera el público lee tanto su relación con el poder como su relación con quien es castigado dentro de un régimen punitivo o dentro de un régimen dictatorial, los dos leídos más que desde una perspectiva de legitimidad desde una perspectiva de relaciones de poder?. Cada una de las tres lecturas propuestas se aproxima de manera particular a la espectacularidad del castigo o de las puestas en escena del poder que lo anteceden o rebasan y al lugar que ocupa la población en este espectáculo.

Los suplicios, y la tortura dentro de ellos, como parte del sistema punitivo occidental europeo operaron de manera permanente hasta el siglo XIX, ya fuera de manera pública o bajo el secreto del procedimiento penal. Pero pese a la desaparición paulatina de la legitimidad de los suplicios, el control sobre el cuerpo se ha mantenido. En este contexto, Foucault propone estudiar los métodos punitivos a partir de una tecnología política del cuerpo permite revelar las relaciones de poder que operan en él y a su alrededor. Esas relaciones dan cuanta, además, de que lo punitivo no sólo reprime, sino que conlleva “una serie de efectos positivos y útiles a quienes tienen por misión sostener.” (24) A partir de este enfoque propuesto por Foucault, surge una primera pregunta, ¿Para quién son positivos y útiles estos efectos? Un primer insumo para contestar lo da el mismo autor situar el sistema punitivo como parte de una “economía política de los cuerpos”(25).  En efecto el cuerpo no puede escapar de las relaciones de poder entre las que el opera, por ejemplo, como fuerza de trabajo. Otra pista para contestar la pregunta tiene que ver con la espectacularización del castigo, y la publicidad de la sentencia, y el papel de esta espectacularización y publicidad en el sostenimiento de estructuras económicas y políticas de poder, esto es, ¿qué se está transmitiendo al público, a la población, con estos espectáculos?. Me parece importante tener estos dos aspectos presentes en la aproximación a la lectura de “Percepticide”. Este texto, desde el particular caso de las torturas perpetradas la dictadura argentina, indaga por el rol de la población en este tipo de contextos. Parte del punto de la alteración de la percepción de la realidad por parte de la población, es decir, hay algo en el discurso del régimen, en su forma de imponerse mediante el terror, que lleva a la población a ignorar o a preferir no ver lo que está pasando a su alrededor. Gran parte de esa imposición tiene que ver con el espectáculo que en este caso para por lo visible / invisible, –si bien las torturas no se dan a la vista de la población, las detenciones, los bombardeos, los allanamientos sí–.  La autora entonces se pregunta si la alteración de la percepción, el hecho de “ignorar” estos hechos que pasan al otro lado del vidrio, no lleva a algún tipo de connivencia con el régimen que contribuye a que este se mantenga.  Me parece interesante volver a esa pregunta desde los dos puntos planteados por Foucault que resalté al comienzo de este escrito. De manera que un análisis del rol de la población en la permanencia de un régimen dictatorial involucre la pregunta por quién se beneficia de los efectos positivos, quién saca provecho o utilidad de esa permanencia y, por ese mismo camino, si las relaciones de poder no siguen siendo inmensamente desiguales entre un régimen que ha capturado todo el estado y sus instituciones y una población que aunque no ha sido torturada vive bajo el miedo permanente, amplificado por el espectáculo, de ser víctima de ese régimen, el miedo de ser vigilada y, además, la total desconfianza en las autoridades.