Visión, acción y política

El tema en común que comparten las lecturas de esta semana es la relación
entre política, discurso e imagen, y de qué manera irrumpen en la arena pública los
efectos políticos de lo visible. En The civil contact of photography, Ariella Azoulay
postula que en la producción de la imagen fotográfica hay un exceso de sentidos
inmanejables por quien fotografía y que pueden ser definidos por la noción de “acción”
teorizada por Hannah Arendt, en tanto la foto produce efectos irreversibles e
indestructibles. Para la autora, el acto fotográfico carece de autor individual ya que
múltiples actores participan de su producción, difusión y recepción, y, en ese sentido,
involucrarse como espectador/a de ese acto implica una especie de contrato en el que
este/a accede a una “ciudadanía de la fotografía”.

En “Undocumented, unafraid and apologetic” Cristina Beltrán analiza el
activismo virtual de nuevas comunidades de jóvenes indocumentadxs, y cómo esos
espacios, en tanto proponen nuevas visualizaciones de lo político, posibilitan la
emergencia de disidencias. Por otro lado, Beltrán muestra también cómo esas
visualizaciones, cuando pierden su caracter disruptivo, pueden ser asimiladas por
discursos de derecha, como los manifestantes que, aunque reivindicando identidades
migrantes, enarbolan opiniones nacionalistas y pro ejército.
En “The intolerable image”, Rancière se pregunta qué vuelve intolerable una
imagen y causa indignación de un estado social de cosas, en tanto es uno de los
efectos políticos más eficaces del arte. Para Rancière este efecto no es nada más que
visual, sino que entraña una cierta conexión entre lo visible y lo decible. De acuerdo al
autor, en la época contemporánea, en la que hay una superproducción de imágenes,

aquello que anestesia los efectos políticos de lo visual es que el sistema oficial de
comunicación restringe la posibilidad de que esas imágenes sean interpretadas y por
tanto se vuelvan móviles de acción. Por eso, Rancière considera que el poder político
de las imágenes se encuentra en su capacidad de perturbar la conexión hegemónica
entre lo visual y lo verbal, proponiendo nuevas configuraciones de lo que puede ser
visto, dicho, pensado, y por ende nuevos